Bogotá, Colombia, agosto 2026. La digitalización financiera en Colombia está transformando silenciosamente la infraestructura tecnológica del país. Con el 84,6% de las operaciones realizadas por canales no presenciales y cerca del 70% del dinero moviéndose a través de plataformas digitales, los centros de datos se han convertido en el corazón del sistema financiero.
José Borges, gerente para región NOLA de Vertiv, explica por qué la nueva banca exige infraestructuras más rápidas, resilientes, eficientes y seguras que nunca.
La transformación digital del sistema financiero colombiano ya no es una tendencia, sino una realidad medible. Según el más reciente informe de la Superintendencia Financiera, durante el primer trimestre de 2026 el país registró 6.078 millones de operaciones financieras, un crecimiento del 14,7% frente al mismo periodo del año anterior. De ellas, el 84,6% se realizaron por canales no presenciales y el 69,9% del valor transado circuló por medios digitales.
Detrás de estas cifras existe una infraestructura poco visible para el usuario, pero absolutamente crítica para la economía: los centros de datos.
Para Borges, el crecimiento acelerado de las transacciones digitales está redefiniendo la forma en que se diseñan, operan y protegen estas instalaciones.
Cuando millones de personas realizan pagos, transferencias o consultas al mismo tiempo, cada milisegundo cuenta.
Según Borges, el principal desafío es reducir al mínimo la latencia, especialmente en aplicaciones financieras que requieren procesamiento inmediato.
Aplicaciones como el trading financiero o la analítica en tiempo real ya no pueden depender exclusivamente de una nube remota. Necesitan capacidades de inferencia local porque unos pocos milisegundos de retraso pueden traducirse en pérdidas económicas importantes.
Para responder a esa demanda, los centros de datos están aumentando considerablemente su densidad tecnológica. Hoy es común encontrar racks capaces de soportar entre 25 y 80 kW, muy por encima de las configuraciones tradicionales, además de arquitecturas híbridas que combinan infraestructura local con servicios en la nube para cumplir simultáneamente requisitos de seguridad, residencia de datos y desempeño.
Cuando cerca del 70% del dinero del sistema financiero se mueve digitalmente, cualquier interrupción deja de ser un problema tecnológico para convertirse en un riesgo económico.
Por ello, la infraestructura moderna incorpora múltiples capas de redundancia.
Entre ellas se encuentran sistemas UPS con alimentación dual, balanceadores de carga, escalamiento automático, múltiples rutas de conectividad, esquemas de enfriamiento redundante bajo configuraciones N+1 y planes de continuidad de negocio con objetivos claros de recuperación (RTO y RPO).
“El sector financiero es uno de los que más está invirtiendo en soluciones de inteligencia artificial, lo que intensifica aún más la presión sobre la infraestructura de centros de datos para soportar cargas de trabajo cada vez más densas y sensibles a la latencia«, afirma Borges.














































