Reducir el consumo de agua en la cadena de frío: el transporte refrigerado abre oportunidades

Además de cumplir con estándares operativos, la logística del frío se está enfrentando a nuevos retos ante la demanda de un uso más eficiente e inteligente de los recursos naturales. Si antes bastaba con garantizar eficiencia operativa, hoy las empresas de transporte de carga refrigerada deben integrar tanto criterios de eficiencia energética como de consumo de agua en la cadena de frío, dos variables que comienzan a redefinir el desempeño del sector.

Este cambio de enfoque responde a una presión cada vez más evidente a nivel global, pues de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, sin una acción urgente y concertada, para 2060 la extracción de recursos naturales podría aumentar un 60% respecto a los niveles de 2020, lo que podría generar mayor pérdida de biodiversidad y estrés hídrico. En México, además, la situación es particularmente relevante, ya que el país se posiciona entre los de mayor estrés hídrico a nivel mundial, de acuerdo con el World Resources Institute.

De allí que la logística de frío, como un eslabón clave dentro de la cadena de frío, intensiva en energía y recursos; necesite replantear cómo su funcionamiento incide tanto en el consumo energético como en el del agua, incluso cuando este último no siempre sea visible en sus procesos.

Consumo de agua, un tema relevante en la logística de la cadena del frío

Hablar de eficiencia hídrica en la logística del frío, especialmente en el transporte de carga refrigerada, puede parecer, a primera vista, un concepto ajeno. A diferencia de otras industrias intensivas en consumo directo de agua, la cadena de frío no ha sido señalada como un actor relevante con impacto ambiental. No obstante, esta percepción comienza a cambiar conforme los operadores logísticos adoptan una visión más integral del impacto total de sus operaciones, incluyendo el consumo indirecto de recursos.

Mientras la eficiencia energética (traducida en consumo de combustible y emisiones de carbono) se ha ido incorporando como criterio para optimizar la operación logística, impulsada por avances en tecnologías de refrigeración, en el diseño de unidades de control de la temperatura para el transporte y en la planificación logística; la eficiencia hídrica no ha tenido el mismo ritmo de integración.

«A diferencia del consumo energético, que es medible y visible en casi todos los sistemas, el consumo de agua en la cadena de frío suele diluirse en procesos secundarios, como el mantenimiento de equipos, limpieza de unidades y la gestión térmica, por ello, ha permanecido fuera del radar de operación».
José Carlos Gómez | director de Ventas LAR Norte de Thermo King.

Sin embargo, esta falta de visibilidad no le resta importancia, especialmente si consideramos el impacto ambiental del transporte de carga refrigerada. Gómez explica que «el transporte refrigerado depende de dinámicas que, directa o indirectamente, tienen un impacto hídrico considerable. Desde la fabricación y enfriamiento de componentes hasta la disipación térmica en ciertos sistemas, el agua forma parte del ciclo operativo, aunque no siempre se mida como tal».

Transporte refrigerado puede reducir la huella hídrica

Ante el creciente estrés hídrico en múltiples regiones del país y del mundo, sumado a las nuevas exigencias de clientes y cadenas globales, la presión regulatoria y el alza en los costos asociados al agua; cada vez más empresas con operaciones de transporte refrigerado comienzan a replantear prácticas que durante años se consideraron estándar y que, aunque no siempre visibles, dependen de un uso intensivo del recurso en eslabones previos de la operación.

De acuerdo con el especialista de Thermo King, si bien no se puede ignorar el impacto ambiental del transporte de carga refrigerada, tampoco deben pasarse por alto las oportunidades concretas que ofrece para optimizar el uso del agua, entre las que menciona:

  • Transición tecnológica hacia mayor eficiencia. La migración a sistemas de refrigeración más eficientes permite reducir la carga térmica y, con ello, la necesidad de procesos indirectos intensivos en agua en etapas previas. Tecnologías avanzadas de aislamiento, unidades con mejor coeficiente de desempeño y el uso de energías alternativas disminuyen la demanda energética total y, por ende, la huella hídrica asociada a la operación.
  • Innovación en materiales y componentes. La evolución en materiales, lubricantes y componentes está extendiendo los ciclos de mantenimiento y reduciendo intervenciones que implican consumo de agua en la cadena de frío. Incluso decisiones operativas como la consolidación de carga o la reducción de aperturas de puerta generan efectos acumulativos en la eficiencia energética e hídrica.
  • Digitalización y monitoreo en tiempo real. La incorporación de sistemas inteligentes permite ajustar con precisión la temperatura y humedad dentro de las unidades de control de temperatura. Esto evita sobreenfriamientos y ciclos innecesarios, optimizando el consumo energético y reduciendo, de forma indirecta, el consumo de agua en la cadena de frío.
  • Optimización operativa. La mejora en la planeación logística, incluyendo rutas más eficientes, menor tiempo de espera con unidades en operación y una mejor gestión de cargas, reduce el tiempo efectivo de refrigeración por viaje. Menos horas operativas se traducen en menor consumo energético y, en consecuencia, en una menor huella hídrica.
  • Mantenimiento eficiente y nuevas prácticas de limpieza. Equipos bien calibrados, con fugas controladas y en condiciones óptimas, operan con mayor eficiencia. A esto se suman prácticas como el uso de tecnologías de lavado en seco o sistemas de recirculación, que permiten reducir el consumo directo de agua.
  • Articulación con la cadena de frío. El transporte refrigerado puede influir en prácticas «aguas arriba y aguas abajo», promoviendo estándares que integren la eficiencia hídrica en centros de distribución, almacenes y procesos productivos.

Esta visión permite que las decisiones tomadas en la movilidad de perecederos tengan un impacto más amplio y alineado con objetivos de sustentabilidad cada vez más exigentes.

Más que un ajuste táctico, el reto para el sector logístico consiste en evolucionar hacia modelos de operación donde el control térmico, la eficiencia energética y el uso inteligente del agua formen parte de una misma ecuación.

Traducir esta visión en decisiones concretas ayudará a optimizar el desempeño de los operadores logísticos, y a estar mejor preparados para responder a condiciones donde la disponibilidad de recursos, particularmente el agua, se perfila como un condicionante para optimizar el desempeño operativo.