A las cinco de la mañana, el sonido de varios monos congo anuncian que pronto amanecerá, le acompañan sonidos de algunas aves residentes. Es momento de levantarse e iniciar la jornada.
Cerca del Muelle Papaturro, en el Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos, se enciende un fogón en una de las casas, un fogón diferente al que conocemos en las zonas rurales de Río San Juan. Está hecho de bloques y una cámara de combustión construida de ladrillos de barro, con dos hornillas de metal, una chimenea que conduce el humo a salir por el techo de la casa; todo esto sobre una base de concreto alta.
Karen Reyes, comerciante de enchiladas y nacatamales, toma una caja de fósforo para encender el fogón “extraño”, que tiene un espacio angosto con poca leña. Encima pone una paila mediana llena de aceite para calentarlo y freír las enchiladas, las que vende y le permiten mantener su hogar y sus hijos.
El fogón “raro” se llama Ecofogón y es una tecnología amigable con el medio ambiente, con mucha más eficiencia, reduce el consumo de leña, el humo y la generación de hollín (en paredes y techos del área de cocina), que afectan la salud de las personas que usan fogones tradicionales.
Reyes asegura que con el nuevo Ecofogón “el fuego enciende rápido, se cocina rápido, ya no respiro humo, gasto menos leña y el humo sale por la chimenea. Cambió todo, pues con el anterior usaba mucha más leña”.
En la elaboración y venta de 100 nacatamales durante los fines de semana usaba 100 rajas de leña, ahora solo usa la mitad de lo que recoge en los potreros.
La tecnología ecoamigable llegó a sus manos y a la de otras nueve personas en San Carlos y Los Guatuzos, gracias al Proyecto Ecosistemas Resilientes, ejecutado por ASODELCO y Amigos de la Tierra España, con la financiación de la Xunta de Galicia.
Para poder tenerla en su casa, Karen tuvo que participar previamente en unos talleres, comprometerse a dar buen uso y mantenimiento a la cocina y aportar con mano de obra para su construcción, “nosotros ayudamos a construirla, trasladar los materiales del muelle (Papaturro) a la casa”.
Las cocinas, que un principio fueron diseñadas para el uso doméstico y con solo un hoyo para cocinar (el segundo solo calentaba alimentos), ahora son productivas con fines comerciales, ya que les permite incrementar sus ingresos familiares y contribuir a la conservación del bosque y los recursos naturales.
“Durante la semana hago 20 enchiladas diario para vender en el muelle a los pasajeros que viajan en la plana (lancha) con destino a San Carlos, que sale de domingo a viernes a las 9 de la mañana”, dijo Karen. Ahora ya no gasta en comprar gas butano para cocinar las enchiladas.
Pero no solo ella notó el cambio, también sus vecinos y clientes, “la gente está sorprendida con la cocina, creían que ya no hacía nacatamales porque no miraban el humo del fogón los fines de semana. Están enamoradas de mi cocina”.
Horno mejorado y pequeño para comerciar
Calixta Robleto, habitante de la comunidad Pueblo Nuevo No.2, ubicada a más de dos kilómetros de donde vive Karen, es otra beneficiaria del proyecto con un horno mejorado. Desde hace 10 años se dedica a la elaboración de pan (de harina) y cosas de horno (de maíz) en un horno tradicional de su mamá donde se foguea (calienta) demasiado. Este horno consume unas 40 rajas de leña (de árboles secos caídos) aproximadamente para dos horneadas.
Entre los productos típicos nicaragüenses que elabora están las rosquillas, el bollo dulce, tortilla dulce de maíz (hojaldras), pan de barra, empanadas rellenas de queso; todo lo vende a C$7.00 la unidad (menos de U$0.20), a pesar de que los insumos como la harina, el queso y el azúcar están caros y debe mandarlos a traer a San Carlos (34 km).
El nuevo horno, hecho de bloques, hierro, cemento y un barril, le vino a reducir los gastos de producción, ahorrando más del 50 % de leña, se calienta menos durante la horneada y puede ver el pan sin que se escape tanto el calor; el uso eficiente del calor hace que el pan salga doradito.
“La gente está asombrada, nunca lo habían visto, preguntan por los materiales, quieren saber quién lo hizo”. Y es que es más pequeño que el tradicional.
Robleto dio a hacer nuevos sartenes a la medida del ancho del nuevo horno (42×23”), en ellos alcanzan 32 piezas. Hornea 250 piezas de pan cada 15 días y 150 cosas de horno entre semanas.
La construcción del horno les tomó un día y 22 días después estuvo listo para usarse al igual que las cocinas, es más fácil y cómodo de manejar, no hay humo debido a una chimenea que sale por la parte posterior. Todo esto lo aprendió en unas capacitaciones sobre uso, cuido y mantenimiento de hornos mejorados realizadas en el Centro Ecológico Los Guatuzos.

Cocinas y hornos reducen la presión al bosque
Miguel Cortez, técnico de ASODELCO, dijo que fueron 10 hornos mejorados los que entregaron a igual número de personas, “estos hornos se construyeron durante tres meses para beneficiar a cinco mujeres de Los Guatuzos y otras cinco en San Carlos, distribuyen mejor el calor y reducen el consumo de leña. Las beneficiarias aportaron con otros materiales locales necesarios y mano de obra para la construcción”.
Para las cocinas mejoradas se seleccionaron a 12 personas, siete en San Carlos y cinco en Los Guatuzos, quienes usaban fogones tradicionales con mayor uso de leña y altos costos, producían abundante humo y hollín en la cocina, mucha pérdida de calor por estar al aire libre, peligro de quemaduras debido al contacto directo con el fuego y deterioro del área de cocina.
La tecnología de las cocinas las hace más eficientes, el consumo de leña es bajo y permite ahorrar hasta un 50 % en comparación con una cocina tradicional, reduciendo así la presión al bosque por la extracción de la madera. Además, mejora las condiciones de salud al reducir la contaminación intradomiciliaria y ahorra tiempo en la búsqueda de la leña, tiempo que destinan para realizar otras tareas del hogar.
Entre los requisitos que cumplieron las familias riosanjuaneñas para beneficiarse con las cocinas o los hornos estuvieron:
- Emprendimientos de venta de productos elaborados en la cocina o el horno.
- Casa propia y con más de tres años de vivir en las comunidades beneficiarias del proyecto.
- Ser socia de las cooperativas beneficiarias del proyecto.
- Participar en las reuniones, capacitaciones y evaluaciones.
- Asumir traslado de materiales de construcción y mano de obra.
- Comprometerse a hacer buen uso, cuido y manejo de la cocina o el horno.
Después de construir el horno o la cocina, hay que esperar unos 22 días para usarlo, esto asegura que el barro tenga un proceso de secado más lento y evite agrietarse, luego hay que calentarlo unas tres veces (día de por medio) para usarlo normalmente, detalló Cortés.

¿Cuáles son los beneficios del horno y la cocina mejorada?
Entre las ventajas que tiene el horno mejorado están:
- Elaborar rosquillas, panes, tortas, pizzas, tostar café, tostar maíz, más rápido y a menor costo.
- Genera ganancia por la venta de los productos alimenticios.
- Ahorra leña por funcionar solo con ramas, leña delgada y corta.
- Reducción de la contaminación ambiental por generar menos humo.
- Reducción de enfermedades respiratorias, de la vista y deterioro de la salud.
- Construido con materiales locales ecológicos.
Según pruebas hechas por las beneficiarias se ahorra un 50 % a 60 % de leña en comparación con los otros hornos tradicionales.
Las cocinas mejoradas, al igual que los hornos, ofrecen varios beneficios:
- Reducción del uso de leña (50%) y presión al bosque.
- Elimina las emisiones de humo y contenido tóxico en el interior de la vivienda.
- Existe una buena combustión de la leña.
- Buena transferencia de calor a las ollas (contacto directo con las llamas, gases calientes o a través de una plancha).
- Extrae los gases de combustión hacia el exterior de los hogares a través de una chimenea.
- Mejora la salud y las condiciones económicas de las familias.
Karen y Calixta están contentas con su cocina y horno mejorado, pero sobre todo porque están ayudando a conservar el Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos.


















































