La reciente advertencia del INAPAM sobre una modalidad de fraude digital dirigido a los adultos mayores, mediante la cual delincuentes buscan suplantar su identidad para acceder a servicios financieros o digitales en nombre de las víctimas, volvió a poner sobre la mesa la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y protección para esta población.
El caso refleja que, conforme aumenta la participación de personas mayores en el entorno digital, también crece su exposición a amenazas diseñadas específicamente para aprovechar sus hábitos de uso, señales de confianza y las brechas de alfabetización digital. Y es que el uso de internet entre las personas de 75 años o más pasó de apenas 3% en 2015 a 30% en 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH); un crecimiento que evidencia una mayor incorporación de este grupo a los servicios digitales.
Para Javier Herrera Zumztein, especialista en crímenes financieros digitales de Sumsub, «los adultos mayores se han convertido en un objetivo prioritario para redes de fraude que combinan ingeniería social, suplantación de identidad e inteligencia artificial para construir engaños cada vez más convincentes». Por ello, señala, «la prevención del fraude digital debe incorporar mecanismos de verificación de identidad y detección de riesgo que se adapten a las necesidades de esta población».
Alfabetización digital, clave frente al fraude digital dirigido a adultos mayores
A diferencia de las generaciones que crecieron utilizando internet, muchas personas mayores incorporaron las tecnologías digitales en etapas posteriores de su vida. Esto puede traducirse en una menor alfabetización digital frente a ciertas señales de riesgo, condición que los defraudadores identifican y explotan mediante phishing, ingeniería social, suplantación de identidad y otras tácticas utilizadas en el fraude digital dirigido a adultos mayores. La vulnerabilidad no radica en la edad por sí misma, sino en conocimientos técnicos y habilidades de navegación en línea desiguales frente a métodos de fraude que evolucionan con rapidez.
De hecho, de acuerdo con una encuesta de Sumsub, tres de cada cuatro personas consideran que los adultos mayores son más vulnerables a los fraudes impulsados por inteligencia artificial que las generaciones más jóvenes.
Además, los ciberdelincuentes suelen diseñar ataques que apelan a la urgencia y a la confianza. Es común que utilicen mensajes que aparentan provenir de bancos, instituciones gubernamentales, servicios de salud, o incluso, de sus propios seres queridos (hijos o nietos) para alertar sobre supuestos bloqueos de cuentas, problemas con pensiones, entrega de apoyos sociales o trámites pendientes, con el objetivo de inducir respuestas impulsivas antes de que la víctima verifique la autenticidad de la comunicación.
El especialista de Sumsub, señala que «la vulnerabilidad no debe atribuirse únicamente a la edad; en realidad, es el resultado de una combinación de factores, entre ellos una alfabetización digital desigual, la rápida evolución de las tácticas de fraude y el hecho de que muchas personas mayores administran información personal y recursos financieros que representan un objetivo atractivo para los delincuentes».
Por ello, destacó que fortalecer la educación digital y promover mecanismos de verificación sencillos resulta tan importante como desarrollar tecnologías capaces de detectar y prevenir el fraude.
Por ejemplo, como un regalo para este Día de los Abuelos, podemos ayudarlos a memorizar una contraseña secreta que solo se conozca entre seres queridos o de mucha confianza, para que, si reciben solicitudes inesperadas por internet, puedan comprobar si realmente están hablando con un familiar o si se trata de una estafa.
Verificar sin generar barreras para los adultos mayores
Un aspecto que las organizaciones no pueden pasar por alto es que la seguridad digital para adultos mayores no depende únicamente de incorporar más controles, sino de diseñar procesos de verificación que respondan a las características de cada usuario. En este caso, Herrera Zumztein advierte que un proceso de onboarding excesivamente complejo puede generar abandono, errores o la necesidad de solicitar ayuda a terceros, lo que paradójicamente incrementa el riesgo de fraude y suplantación de identidad.
De allí que la respuesta no consiste en incrementar los estándares de seguridad, sino en hacerlos más inteligentes. Destacó que hoy existen tecnologías capaces de combinar la verificación documental, la autenticación biométrica, las pruebas de presencia (liveness detection), la validación de información contra fuentes confiables y el análisis de riesgo en tiempo real para confirmar la identidad de una persona sin imponer fricciones innecesarias, y ajustándose rápidamente a la evolución de los riesgos, regulaciones y demandas del mercado.
«La tendencia apunta hacia modelos de verificación adaptativa, donde el nivel de validación cambia según el riesgo que representa cada usuario, incorporando variables como el comportamiento del dispositivo, la ubicación, la consistencia de los datos, la biometría y otros indicadores que permiten detectar actividades sospechosas sin generar fricción innecesaria para los usuarios legítimos», indicó el especialista.
Este enfoque resulta especialmente relevante para sectores como servicios financieros, comercio electrónico, plataformas digitales, movilidad, economía colaborativa o cualquier organización que incorpore clientes de manera remota. Conforme evolucionan las modalidades de fraude, también deben hacerlo los mecanismos de verificación, combinando análisis documental, validaciones biométricas, inteligencia sobre dispositivos, monitoreo continuo y evaluación contextual del riesgo.
El incremento en la participación digital de los adultos mayores representa uno de los cambios sociales más importantes de los últimos años. Sin embargo, también obliga a replantear cómo se diseñan las estrategias de prevención y cómo se eliminan los obstáculos de verificación a fin de impulsar la inclusión digital con servicios seguros. Hoy la seguridad digital para adultos mayores requiere considerar las características específicas de cada grupo de usuarios, incluyendo sus hábitos digitales, sus canales de interacción más frecuentes y los tipos de fraude a los que están más expuestos.
Para Herrera Zumztein, proteger a quienes recientemente se incorporaron al mundo digital implica combinar educación, mejores procesos de verificación de identidad y mecanismos tecnológicos capaces de detectar amenazas antes de que alcancen al usuario. «Porque conforme más adultos mayores participan en la economía digital, la seguridad deja de depender únicamente de que sepan reconocer un fraude; también depende de que las organizaciones estén preparadas para impedir que ese fraude llegue hasta ellos».

















































