Un pueblo rosa

¿Conoces el Mediterráneo? Acá un dato para llegar y disfrutar al máximo.

Gabriel Martínez Rivas | 360 Grados

Gabriel Martínez Rivas | Revista 360 Grados
Los inmensos cuellos de zancudos flamencos que se divisan a lo lejos nos dan la bienvenida. Estamos en la costa cálida de la región de Murcia y, aunque es pleno verano, la brisa marina hace que el día sea agradable para caminar y observar las grandes aves que tranquilamente comen algas en los rosados depósitos de agua salada que luego terminará en forma de sal en las cocinas de todo el mundo.

San Pedro de Pinatar es un pequeño pueblo que se ubica entre el mar menor y el mar Mediterráneo, además de poseer una encantadora y fresca playa, uno de sus principales atractivos son estos depósitos de agua rosa, producto de la descomposición del agua marina, donde solo viven microorganismos que poseen pigmentos purpúreos y asalmonados que dan este característico color al agua.  Caminar por la orilla es casi de otro planeta. El rosado intenso contrasta con el cielo azul y una línea de viejas bodegas de sal.

Gabriel Martínez Rivas | 360 Grados

Buscando la playa en la misma línea nos encontraremos con senderos que nos llevan a rincones camuflados donde se pueden observar la extensa variedad de aves que habita entre las dunas y los arenales en torno al mar menor, desde los populares flamencos, pasando por garzas, patos, cigüeñas y las infaltables gaviotas.

Además, si vamos atentos a los árboles, veremos una especia de camaleón que es famoso y protegido en la zona. Para los más intrépidos también hay empresas que ofrecen buceo para observación del fondo mediterráneo.

Después de este cálido recorrido es merecido refrescarse en las aguas del Mediterráneo, sus calmas olas y su color turquesa hacen que el baño sea relajante y tranquilo. Otro famoso atractivo de este sitio son los baños de lodo entre flamencos, pues a pocos metros de estas aves muchas personas llegan a untarse el lodo del fondo del mar menor, al cual se le atribuyen efectos sanadores para la piel, luego de que el barro se seca en el cuerpo, es muy fácil quitárselo en la calma del apacible lago.

Cortesía

La historia también vive en las orillas de las playas de este pueblo, los molinos de viento nos trasladan a la época cuando España carecía de industria y estas estructuras, que también son totalmente ecológicas, eran las que producían la harina.

En este recorrido podremos encontrar varios molinos, algunos en ruinas, pero otros bien conservados y de pie, como el de San Quintín, que justo es a sus pies donde se dan los baños de lodo.

Cabe destacar que por ser zona muy productiva, este encantador lugar y todo su entorno están en riesgo de contaminación extrema, desde muchos sectores se hace el llamado a que las autoridades actúen a tiempo, antes de una contaminación sin retorno.

Visitar San Pedro es una experiencia encantadora, además su amplia variedad gastronómica y con precios accesibles nos harán volver.