Las montañas blancas de Candanchú

Ubicadas en la parte norte de España, en ruta hacia Francia, nos adentramos montaña arriba y es el destino que no debe perderse cuando pase la pandemia.

Por Gabriel Martínez Rivas | Editor de Rincones Revista 360 ° 

Para llegar al rincón de hoy debemos tomar la carretera que conduce hacia Francia, donde descubriremos grandes montañas y picos vestidos de blanco que contrastan con un cielo celeste, generando una profundidad infinita. 



La noche anterior había nevado y sobre la carretera, en sus orillas, todavía encontramos trozos de hielo que no se derriten. Verdes pinos y pequeñas flores invernales nos dan la bienvenida a los Pirineos, esas grandes montañas en el este de España.


Entre más altura vamos a tomar, más frio y blanco se va volviendo el paisaje. Debemos conducir con cuidado porque, a veces, la carretera se torna resbaladiza por el efecto de la nieve; los pueblecitos con sus casas de techos puntiagudos hacen reverencia a las también puntudas torres de las iglesias y ermitas. Sus bares en las calles limpias y balcones con flores que soportan el frío invierno nos invitan a calentarnos con un chocolate o café caliente. 

Llegamos a nuestro destino: la estación de esquí de Candanchú. Todo es blanco, grandes bancos de nieve hacen que nos hundamos y pongamos a prueba nuestro calzado y abrigos, especial para estos sitios. Nos encaminamos al telesilla y desde allí superamos el miedo a las alturas, porque es la única manera de subir a la montaña y seleccionar en todo su esplendor aquel paisaje blanco.
Desde arriba se puede ver a familias enteras de esquiadores con coloridos trajes desafiando la nieve y haciendo sus mejores acrobacias.

Nuestro editor, Gabriel Martínez Rivas.


Nosotros llegaremos hasta la primera parada, pero los esquiadores expertos suben hasta los picos más altos para disfrutar de todos los deportes de invierno que ofrecen los más de 50 km de pistas de hielo. Ya en la cima es necesario el uso de gafas de sol, pues el resplandor de la nieve nos irrita la vista. Hoy corrimos con la suerte y no hace viento, así que hay un frío soportable; lo mejor es caminar por las amplias trochas de nieve, hundirse en ella, intentar hacer lo que vemos en las películas, muñecos de nieve, ángeles, al final no salen bien, pero la diversión es lo que cuenta. 



Desde acá las vistas son impresionantes, por un lado, grandes rocas cubiertas de nieve y neblina que hace el paisaje digital de una película de Santa Claus, aunque es febrero, pero grabamos que el invierno en Europa va de diciembre a marzo; por otro lado, la infinidad de árboles verdes oscuros se pierden entre las montañas y abajo el pequeño pueblo de Candanchú, con sus techos de piedra para soportar las grandes nevadas. 

Este lugar fue el primero en ser estación de esquí de España y también la que implantó cursos para aprender este deporte; hay muchos hoteles y casas rurales que ofrecen todo tipo de comodidades para las personas que quieran estar una temporada aprendiendo a dominar las nevadas, hacer fotos o simplemente disfrutando del silencio seco que solo la nieve puede darnos.

La nieve comienza a caer y antes de que la carretera se vuelva intransitable, debemos volver, tomamos algo caliente para reponernos de la caminata sobre la nieve; al bajar de esta estación también podemos visitar otros pueblos famosos por sus paisajes e historias como Canfranc o Villanua, pero de estos hablaremos en la próxima edición de rincones. 

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